El Espíritu y la Opresión.

 

EL ESPIRITU Y LA OPRESION. SILO 1969.

 

Ensueños del Sistema, mecanismos de control

Se produjo en Valparaíso una reunión de gente “bienpensante” que tenía de sí misma la imagen del triunfo y que hubo de chocar necesariamente, con la proclama de Silo que reza así: “Mi enseñanza no es para los triunfadores, sino para aquéllos que llevan el fracaso en su corazón”.Alguien pidió entonces (en tono amable), que se explicara el significado de la proclama. Silo respondió que hablaría sobre el espíritu y la opresión. “Existió un hombre muy poderoso que tuvo gran cantidad de ovejas. A fin de impedir su escape levantó un cerco. Sin embargo, algunas rompían la prisión y lograban fugarse. Para evitar esto el hombre poderoso trajo perros que vigilaban noche y día. A pesar de todo, algunas podían huir y otras eran muertas por los cuidadores, que arruinaban su carne y su piel con feroces dentelladas.Entusiasmados con esto, penetraban al redil con-tinuando la matanza. Vio el hombre poderoso que el cerco era frágil para contenerlas y los cuidadores, peligrosos.Mandó entonces en busca de un mago. Este durmió a todas las ovejas y las hizo soñar que eran libres. Al despertar, siguieron creyendo que obraban voluntariamente y ya no abandonaron a su amo. De este modo, el hombre poderoso retiró el cerco y los cuidadores, bastando tomar de las ovejas a su gusto cuando necesitaba de carne y de piel. La oveja es el espíritu del ser humano. El hombre poderoso, aquél que quiere utilizarlo. El cerco, los perros y el mago son los ayudantes del opresor. Cercar el espíritu es separarlo del mundo por la ignorancia. Rodearlo con cuidadores, es mantenerlo en la docilidad por la violencia y la fuerza, infundiéndole el temor.Finalmente, adormecerlo es degradar el espíritu con persuasión y con bellas falsedades. A través del tiempo se han usado esas tres formas de asesinato del espíritu.La ignorancia y el temor no han sido suficientemente poderosos como para contener los impulsos de libertad. (Por otra parte, un hombre ignorante y temeroso no es tan útil al opresor como aquel que ha sido instruido y no es necesario ejercer la violencia en él porque está de acuerdo con la infamia). Cuando un hombre no necesita de cercos ni de cuidadores y está conforme con la falsedad de su vida es porque su espíritu ha muerto. Hay quienes venden su libertad interior con tal de lograr seguridad o bienestar material. Estos son los que se dicen libres porque no desean otra vida y les resulta injurioso quien habla de la necesidad del despertar. Cuando los hombres duermen de ese modo, colaboran con la opresión y producen en bien del opresor. A ellos se los considera “útiles” a las causas del Estado que a la vez sirve dócilmente al imperio. Un hombre que se ha degradado a tal punto es un triunfador y se le pone como ejemplo de trabajo y como ejemplo de superación. Ese recibe su paga a costa del sufrimiento de otros a quienes considera incapaces.El triunfador puede llegar a serlo únicamente colaborando con los mandatos del amo, se llame Estado, Moral o Religión.El falso triunfador duerme, pero a menudo sus sueños están llenos de sobresalto porque tarde o temprano algunas ovejas despiertan y comienzan a despertar a las demás… Poco a poco en el redil se advierte que ya no se cree en la falsa libertad. Los triunfadores no necesitan de esta enseñanza porque ya han saciado su ambición. ¿A qué tanto alboroto cuando es a los fracasados a quienes dirijo mi palabra? Creo únicamente en aquéllos que se reconocen fuera del cerco y no gozan de los beneficios del triunfador. ¡Ah, triunfador! no puedes reprocharme que no hable para ti, porque no me necesitas, y si hablo para el que me necesita, ¿a qué te metes conmigo? Fracasados son los pobres y los enfermos y los sin fuerza y los sin porvenir. Son los que han sido defraudados en sus ideales, truncados en sus amores, escarmentados en su fe, traicionados en su bondad. Cuando te reconozcas fracasado te daré consuelo porque entonces tuyo será el espíritu y descubrirás la necesidad de la liberación interna, la necesidad del renunciamiento, la necesidad de matar el deseo”.